CACAO COMO COCAÍNA

En su clásico reportaje, Ciego de nieve (1981), el periodista Robert Sabbag bautizaba irónicamente a la cocaína “caramelo nasal”. Treinta y cinco años después, su fórmula bien podría aplicarse literalmente al polvo de cacao molido, cuyo consumo se ha convertido en una creciente moda en algunos países de Europa.

Los mimados Millenials europeos encuentran mucho menos arriesgado parrandear toda la noche bajo el estímulo de un buen par de rayas de cacao puro –belga o suizo para los más exigentes. Este nuevo culto es reivindicado por sus adeptos como la alternativa al consumo de drogas duras.

La moda nació en 2007, cuando uno de los más reconocidos chocolateros del mundo, el belga Dominique Persoone, diseñó un aparato dosificador de polvo de cacao, más parecido a una diminuta catapulta que a los funcionales “Arturitos” que cargan consigo los cocainómanos.

Desde entonces el repostero vendió más de 25 mil unidades, según los datos de su empresa The Chocolate Line. El artefacto, para los que quieran empolvarse la nariz de cacao, viene con una mezcla especial, cocinada por el mismo Persoone. Tras varios intentos halló el blend perfecto: cacao molido mezclado con menta y jengibre.

"La menta y el jengibre”, explica su inventor, “activan tu nariz. De ahí el sabor de ellos baja, y el chocolate se queda en el cerebro”.

Su consumo ha devenido tendencia en las llamadas fiestas “alternativas” del norte de Europa. Pero a diferencia del movimiento “new beat” de los ochentas –impulsada por la escena underground de la música electrónica belga–, en estas partys no se consume cocaína ni poppers ni ácidos ni ninguna otra sustancia psicoactiva. Vaya, ni siquiera se vende alcohol, cerveza o rompope.

"No servimos alcohol, pero eso no significa que seamos 'anti-todo", asegura la página web de Lucid, Alchemy Eros, uno de los muchos convivios domingueros –se realizan un domingo al mes– que tienen lugar en Berlín. En ellas sus asistentes bailan hasta al amanecer estimulados únicamente por nefandos polvazos de cacao puro, una “medicina estimulante”, explican los organizadores.

La moda, por cierto, ya ha llegado a los Estados Unidos, donde se han reportado algunas francachelas de este tipo. Bárbara Carreño, vocera de la Administración para el Control de Drogas (DEA por sus siglas en inglés), aseguró al periódico La Nación que ésta "no tiene autoridad sobre el uso de sustancias no controladas [por la Ley de Control de Estupefacientes]", como el alcohol, la cafeína, el tabaco o el cacao.

Ahora bien, ¿entraña algún riesgo ponerse hasta las manitas con cacao? Según la nota del diario argentino, que cita un estudio publicado por la Revista Estadounidense de Nutrición Clínica, su consumo produce la liberación de endorfinas en el sistema circulatorio, lo que deriva en una sensación de euforia. El cacao, además, contiene altas cantidades de magnesio y flavonoides, que relajan los músculos y la función cognitiva.

Por su parte, Andrés Herane médico psiquiatra que actualmente investiga subtipos de depresión y estrés en King´s College London, afirmó a este mismo diario que “en términos psicotrópicos no hay registros de peligro o adicción. Los efectos de aspirar chocolate no han sido estudiados".

Lo anterior, sin embargo, no implica que sea inofensivo: "El chocolate”, agrega el investigador, contiene “un montón de propiedades que lo hacen ser una sustancia adictiva y obviamente tiene un efecto en el cerebro". Según Herane, el chocolate debería ser definido como una droga debido a que desencadena “un efecto de búsqueda compulsiva”.

Quien lo consume, añade, “necesita aumentar la dosis cada vez más para sentir el mismo efecto de placer". Y al esnifarlo sus efectos son mucho más fuertes e inmediatos: “va desde los pulmones directamente a la sangre, que lo lleva al cerebro. Es un efecto 'peak’, más alto, pero con menos vida útil”, advierte. En consecuencia, concluye, quienes lo aspiran “tienen mayor riesgo de adicción y necesitan hacerlo varias veces en un periodo más relativamente corto de tiempo”.

Pero más allá de los argumentos lanzados por Herane, los consumidores de polvo de cacao pueden seguir esnifándolo tranquilamente; de momento, no se han reportado casos de sobredosis, paranoias, síndromes de abstinencia ni mucho menos perforaciones de tabique nasal.