Los endulzantes artificiales alimentan la gordura

  • Varios estudios científicos sugieren que lejos de combatir la obesidad y la diabetes, los endulzantes artificiales podrían fomentar la epidemia global de estos trastornos.

A los endulzantes artificiales, esos polvillos desustancializados que abonan la fantasía de no engordar, su mala fama les precede. En el pasado, hay que decirlo, fueron difamados injustamente cuando se aseguraba que sustancias como la sacarina o el aspartame producían cáncer. Cáncer no, dice la ciencia, pero sí, paradójicamente, la obesidad que aparentemente dicen combatir.

Un estudio realizado por investigadores del Centro Charles Perkins de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Sydney y el Instituto Garvan de Investigación Médica de Australia, constató que un sistema en el cerebro que detecta y vincula la dulzura con el contenido energético de los alimentos, juega en contra de los edulcorantes artificiales.

Publicada en la revista “Cell Metabolism”, la investigación señala que la dosis de carbohidratos ahorrada por el organismo a la hora de ingerir un endulzante artificial causará un aumento del apetito más adelante. Durante las siguientes comidas, en consecuencia, se comerá de más. Sugiere, incluso, que estos productos pueden ser igual de adictivos que el azúcar, lo que, una vez más, pone en entredicho su presunta eficacia para bajar de peso.

El estudio que confirma el efecto de los endulzantes sobre el incremento del apetito fue confirmado por otro similar, realizado por científicos del Instituto de Ciencia de Rehovot, en Singapur, y publicado por la revista Nature. En él, se afirma que lejos de combatir la obesidad y la diabetes, los sucedáneos del azúcar “podrían estar contribuyendo a la epidemia global de estos trastornos”.

El argumento es el mismo: las personas “compensan” las kilocalorías que ahorran al tomar edulcorantes comiendo de más. La investigación añade que estos productos fomentan desordenes metabólicos que impactan a las bacterias de la flora intestinal. Por tanto, concluye, habrá “una mínima influencia en la ingesta energética y el efecto de la glucosa e insulina después de las comidas de ese día”.

Estos artículos desmienten entonces la efectividad de los endulzantes procesados y, sustentan, más bien, el efecto contrario. El adelgazamiento, reafirman, se logra sólo bajo un régimen dietético de restricción de kilocalorías. Y enfatizan, por otro lado, que el contenido energético de un alimento y su efecto en la ganancia o pérdida de peso responde a los complejos factores metabólicos de cada organismo.

Que las etiquetas de los endulzantes artificiales digan “light” o “sin azúcar” no garantiza que sean saludables o que logren combatir el ensanchamiento de la barriga. Estos estudios sugieren, más bien, que la sombra de la obesidad y otros males acechan tras la química alimentaria y que, por el contrario, los productos naturales y frescos siguen siendo la base de la mejo